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“No hay Naturaleza ni paisaje anodinos: todo tiene profundísimo interés. La arquitectura puede acercarse a la Naturaleza, puede ponerse enfrente, no puede olvidarla. De tener importantes amigos o importantes enemigos podrá esperarse algo de nosotros, nunca si vivimos con indolencia.” Alejandro de la Sota

Este proyecto trata de un hotel de vacaciones frente al castillo fortaleza de Loarre, en la provincia de Huesca. La idea inicial es trabajar sobre la relación precisa entre lo individual (las habitaciones del hotel) y lo colectivo (todos los elementos comunes y las áreas hedonistas del spa y el restaurante gourmet que lo componen).

El programa ofrece un lugar de alojamiento para huéspedes temporales -turistas cultos y hedonistas- que desean regenerarse en un retiro sublime. El proyecto se resume en la frase ALOJAMIENTO y RELAX. Las actividades turísticas y las vacaciones son entendidas aquí como un momento en el que se debe parar el reloj, para disfrutar del agua y de la buena comida. Esto lleva a estructurar la propuesta en tres partes ligadas entre sí: área de hotel (habitaciones y zonas comunes); área de spa y relax (donde el espacio toma mayor protagonismo); y el restaurante gourmet (exclusivo pero productivo, vinculado a la enseñanza a través de pequeños cursos de cocina).

Para ello, el proyecto se desarrolla en un solar irregular situado a medio camino entre el pueblo de Loarre y su castillo. El terreno, en una zona degradada que se debe recuperar, limita con la carretera de acceso al castillo y goza de grandes vistas hacia el monumento. Es fundamental la relación entre el edificio y el castillo a través de las vistas, ya que aquí precisamente nace la idea principal del mismo: la mirada, de la que surgen diversas intersecciones.

El proyecto es una experiencia, un elemento lineal que incita a la persona a entrar y a recorrerlo, donde diversos elementos convergen creando espacios a través de las intersecciones, pudiendo ser habitaciones, espacios comunes, el restaurante gourmet… todo ello siempre con la vista hacia el paisaje enmarcada y abocinada. La culminación de la experiencia coincide con el spa, enterrado y con un claro ambiente de relajación y hedonista.

Cabe entender el paisaje donde se inserta el proyecto, tanto el natural como el cultural, consiguiendo una coherente y perfecta relación con el paisaje, creando un campo de lavanda (lavandula latifolia) que rodea el complejo y que lo convierte en una experiencia visual, de sabores y olfativa extraordinaria.

©2023 por IÑIGO YANGUAS ELORZ. 

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